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22/12/23

¿Qué puedes aprender del éxito de Apple, IBM, Lego y Marvel?


Tropezar y caer, de eso se trata la vida. No es, seguramente, el camino que nos gustaría transitar, pero no es algo que podamos cambiar. Y está bien, por fortuna, porque es gracias a esos tropiezos, gracias a tantas caídas, que adquirimos el aprendizaje y la experiencia que, más adelante, en la medida en que tomemos decisiones inteligentes, vamos a tomar mejores decisiones.

La vida nunca es como nos gustaría que fuera. Odiamos los lunes y anhelamos que el fin de semana regrese rápido para “descansar”. Odiamos los días con lluvia y frío, pero nos agobia el rayo del sol cuando sube la temperatura. Odiamos que nos mientan, pero nos olvidamos de también mentimos todo el tiempo. Odiamos los malos resultados, pero no queremos vivir el proceso.

La vida es eso, una moneda: tiene dos caras y cada vez que la lanzas al aire, de manera caprichosa, ella elige una. Es inevitable: hay días en los que todo sale a pedir de boca y otros en los que mejor ni nos hubiéramos levantado. Hay momentos en que nos embarga la alegría y otros en los que el nudo en la garganta nos impide, inclusive, tragar la saliva. De eso, justamente, se trata la vida.

Y, por supuesto, el mundo de los negocios. Quizás lo sabes, quizás lo has experimentado, hay proyectos (o productos) que son un éxito y otros son un rotundo (e inexplicable) fracaso. Hay proyectos (o productos) que pegaron rápido y otros que jamás conectaron con el mercado (a pesar de que eran los que más nos ilusionaban). Como en la vida, en los negocios no hay fórmula ideal.

Si bien soy un bendecido y la vida me dio todo y mucho más de lo que deseaba, de lo que soñé, el camino que he transitado no ha sido fácil. Aquello de tropezar y caer ha sido una constante, algo así como un hábito que, hoy, a pesar del dolor padecido, agradezco y entiendo. Me gusta la persona en que me he convertido gracias, especialmente, al aprendizaje surgido de mis errores.

Sí, de mis tropiezos, de mis caídas, de mis malas decisiones, de dejarme llevar por las emociones, por esa terquedad que, irónicamente, me ha dado la fortaleza necesaria para seguir adelante. Y también me han aportado ese conocimiento valioso que podría llamar sabiduría. La de la calle, la del prueba y error, la de las dolorosas pérdidas (tiempo, dinero, amigos), pero sabiduría al fin.

Uno de los dilemas a los que me enfrento con frecuencia es aquel de explicarle al mercado, a mis clientes, que el error es inevitable. Y, además, necesario. Es parte vital del proceso y, quizás lo sabes, sin proceso no hay resultados. Todos queremos ir del punto A al punto B, pero nos equivocamos al pensar que, como nos dicen, es un solo paso: entre A y B hay letra pequeña.

Haz de cuenta que estás en Miami, el punto A, y quieres ir a Lisboa, el punto B. Aunque viajes en un avión supersónico, tardarás horas entre un destino y el otro, un período en el que dormirás, irás al baño, comerás, leerás un libro, verás una película, conversarás con el vecino, en fin. El proceso no se puede evitar e incorpora dificultades, tropiezos y caídas. La clave es levantarse otra vez.

Una y otra vez, tantas como sea necesario. Y seguir adelante, aunque las heridas en las rodillas no hayan sanado y aún duelan, aunque tu orgullo siga maltrecho, aunque cueste recuperarse de las pérdidas sufridas. Levantarse una y otra vez, sacudirse el polvo y seguir adelante. Con más fuerza, sí, pero sobre todo con más inteligencia, con esa sabiduría aprendida de la vida a punta de golpes.

De hecho, es el camino recorrido por algunas de las marcas más grandes del mercado, ¿lo sabías? Hoy están en la cima, disfrutan de los gozosos, pero antes, en algún momento, sufrieron los dolorosos. Así es la vida, no lo olvides: subidas y bajadas, tropiezos y caídas. Estas marcas no se rindieron a mitad del camino, perseveraron y ahora son algunos de los referentes del mercado.


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Se vale tropezar y caer, pero esto solo servirá si luego te sacudes el polvo y sigues adelante.


Veamos de cuáles se trata:

1.- Apple. Sí, la que hoy está catalogada como la más valiosa del mundo navegó en aguas turbulentas en los años 90, cuando la crisis mundial estuvo a punto de frustrar su sueño. La marca era reconocida por aquel entonces como líder del mercado de las computadoras, pero sus finanzas estaban estancadas mientras las de sus competidores marchaban a ritmo acelerado.

Cuando parecía que la aventura iba a termina de manera abrupta y prematura, apareció la mejor versión de Steve Jobs. Por allá en 1997, lideró un proceso de recuperación inesperado. ¿Qué hizo? Lanzó los productos que hoy son los preferidos de millones de personas: el iMac, el iPhone, el Ipad y el desaparecido iPod. Fueron (y siguen siendo), disruptivos por su funcionalidad y su diseño.

A partir de entonces, el nombre de Apple se asoció con innovación, con el establecimiento de nuevos estándares en la industria de la tecnología. Además, con su enfoque en la experiencia del usuario marcó una ruta que pocos habían transitado y que le permitió generar poderosos vínculos con su clientela. Fue un genial proceso hacia la cima, una tendencia que hoy todavía se mantiene.

2.- IBM. En aquella década de los 90, de ingrata recordación para muchos, esta fue otra marca que la pasó mal. Tras tocar el cielo con las manos, esta compañía comenzó una caída libre que llevó a sus directivos a tomar medidas drásticas para intentar un salvamento. Eran muchas las marcas que habían desaparecido en esos años, pero nadie daba crédito a que IBM se sumara a esa lista.

La audacia de sus directivos, que cambiaron el rumbo, evitó el colapso. ¿Qué hicieron? IBM, a la que el mercado conocía como líder en la producción de hardware, se redefinió en el campo de los servicios y la tecnología de la información. Muchos no dieron crédito a esa jugada estratégica y expresaron sus dudas acerca de la sostenibilidad del proceso. Hoy, lo sabemos, estaban errados.

La de IBM no fue una transformación cosmética, sino que incluyó cambios en la estructura y la cultura empresarial profundos. Fue un proceso duro y doloroso que costó cientos de puestos de trabajo en un titánico y desesperado esfuerzo por reducir los costos y evitar el cierre. Ese nuevo modelo de negocio fortaleció la compañía, que volvió a navegar por aguas tranquilas.

3.- Lego. Si alguna vez escuchaste aquello de “subió como palma y cayó como coco”, ese fue el caso del referente de los juegos infantiles. A comienzos de los 2000, cuando el mundo todavía no superaba los estragos de la crisis de finales de la década anterior, la compañía pagó el precio de un proceso de expansión ambicioso: tuvo que recular y repensar su modelo antes de seguir adelante.

Lego decidió volver a sus raíces, a aquellos valores que en sus inicios le permitieron ganarse el corazón del mercado. La visión, y este es el gran aprendizaje, fue regresar a lo sencillo, en vez de obsesionarse con la diversificación de su línea. Se centró en su propuesta única de valor original que no era otra que la de proporcionarles a sus clientes un espacio para crear, imaginar y construir.

En esa estrategia de recuperación sacó un as bajo la manga: apostó por la creación de productos temáticos, como las líneas de Star Wars y Harry Potter, dos pesos pesados del mercado. El éxito fue rotundo, porque combinó el poder de dos franquicias icónicas con la experiencia de construcción de Lego. ¿Lo mejor? Involucró a su comunidad de fanáticos en ese proceso de reinvención.

4.- Marvel. Sí, los superhéroes también mordieron el polvo de las épocas difíciles. En medio del furor por la irrupción de internet, la industria del cómic pasaba sus malas horas. Tan malas, que la empresa no tuvo más remedio que declararse en bancarrota, una jugada desesperada en busca de una salida. Una jugada que, sin embargo, que logró cambiar radicalmente el rumbo de la historia.

Aunque el margen de maniobra era mínimo y lo que mandaban los cánones de los negocios era reducir los costos, Marvel hizo una apuesta arriesgada. De hecho, muy arriesgada: trasladó su colección de superhéroes al cine y la televisión. Del incierto mundo de los cómics, sus personajes se transformaron en íconos de la cultura popular. Era imposible no conocerlos, no amarlos.

Iron Man, el Capitán América y Thor, entre otros, se convirtieron en figuras emblemáticas que trascendieron las pantallas. Una jugada maestra que cautivó a miles de nuevos fanáticos y, lo mejor, sirvió para el relanzamiento de la compañía. Luego, la alianza con Disney llevó las historias de los héroes de Marvel a los parques temáticos y sus productos llegaron a todo el mundo.

Moraleja: un error, un tropiezo, una caída o eso que llamamos un fracaso NO te define. Lo que te hará inolvidable, lo que te permitirá marcar una huella imborrable, será tu capacidad para levantarte, sacudirte el polvo y seguir. Esa capacidad de creer en ti, en tu proyecto, cuando nadie más lo hace, cuando todo está en contra, cuando parece que el mundo se te vino encima.

Esa resiliencia que aflora cuando otros, cuando la mayoría, ya tiró la toalla. Ese que llamamos éxito no es más que el resultado de tus acciones y de tus decisiones; también, de tu resistencia y de tu persistencia. Por supuesto, también de tu inteligencia para entender las situaciones, no dejar que las emociones te dominen y saber cambiar el rumbo. Apple, IBM, Lego y Marvel son un ejemplo.

La adversidad no es más que una prueba para saber de qué estás hecho y establecer cómo puedes responder fuera de tu zona de confort. Créeme que he sido testigo de infinidad de casos dolorosos de marcas, emprendedores y profesionales independientes que sucumbieron a una crisis. La lección es que, si consigues superarla, saldrás fortalecido y el mercado premiará tu valentía.


Lecturas recomendadas:
‘Nadie nace aprendido’: el valor de aprender de tus errores y fracasos
4 claves poderosas que aprendí de mis (múltiples) errores
Apple: nunca pongas todas tus manzanas en el mismo cesto


 

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16/12/23

10 acciones efectivas para espiar (y vencer) a tu competencia


Los seres humanos, todos, somos afectos del chisme. Unos más que otros, por supuesto, y también a distintos tipos de chismes. Podríamos decir que es parte de la naturaleza humana ese deseo irreprimible de saber hasta los últimos detalles (incluidos los morbosos) de la vida privada de los demás. Un fenómeno que alcanzó dimensiones insospechadas gracias a los canales digitales.

Recuerdo que, cuando era niño, en el barrio todos sabíamos quiénes eran los chismosos: don Pedro, el de la tienda de dulces, que tenía contacto con, prácticamente, todos los vecinos. Sostenía conversaciones informales con la mayoría y, así mismo, escuchaba charlas en las que se enteraba de infidencias de alguno de los habitantes. Y no había poder humano que evitara que la compartiera.

O doña María, la dueña de la peluquería a la que acudía la mayoría de las señores del barrio para ponerse bien bonitas. Allí pasaban horas mientras les arreglaban el cabello, les aplicaban una que otra mascarilla facial y les hacían el manicure. Un largo tiempo que aprovechaban para “ponerse al día” de las noticias, valiosa información que la propietaria captaba en sus bien entrenadas antenas.

Es la misma razón por la que, por ejemplo, caemos en las redes del chisme cuando alguna figura pública (político, deportista, cantante) da un paso en falso y queda en evidencia. Se convierte en la comidilla de los medios de comunicación y de las redes sociales, donde los hacemos picadillo. Una historia que se repite una y otra vez, una y mil veces, porque a todos nos encanta el chisme.

Eso de ser chismosos, o de prestar atención al chisme, más allá de la carga negativa que posee, es una actitud que puede serte muy útil si eres el dueño de un negocio, un empresario, emprendedor o un profesional independiente que vive de monetizar su conocimiento. ¿De qué forma? En el cumplimiento de una de las tareas fundamentales, básicas, que casi nadie lleva a cabo. ¿Sabes cuál es?

La de espiar a la competencia. Sí, ya sé que espiar es otra palabra que incorpora una connotación negativa y no queremos que nos relacionen con ella. Entonces, piensa más bien en investigar, en conocer, en desentrañar a tu competencia. Se trata de conocer su propuesta de valor, sus estrategias, el paso a paso de sus ofertas, su estilo de servicio, los beneficios que ofrece y, claro, sus debilidades.

Esta de analizar a tu competencia es una de las tareas que, en términos normales, deberías cumplir ANTES (y lo escribo en mayúscula para resaltarlo) de lanzarte a vender. ¿Por qué? Si no conoces a tu competencia, quizás te resulta un tiburón que te devora; o lo que ofreces es lo mismo que ella, pero te supera por experiencia; o, a lo mejor, no descubrirás porque el mercado la elije a ella y no a ti.

El problema, ¿sabes cuál es el problema? Que asumimos a la competencia como un rival, un opuesto, cuando en realidad es un aliado. Sí, ya sé que suena loco, pero es mucho más cuerdo de lo que crees. Además, es uno de los aprendizajes más valiosos que me transmitieron mis mentores y una labor que, a lo largo de más de 25 años de trayectoria, me ha dado grandes resultados.

La competencia no es un rival, sino otro actor del mercado. No la puedes eliminar, pero tampoco puedes ignorarla. Así mismo, es mucho lo que puedes aprender de ella si la conoces en detalle, en profundidad, si descubres cuál es la razón por la que sus clientes la eligen. Si no la conoces bien, no podrás ser diferentes de ella; y, si no eres diferente de ella, serás más de lo mismo. ¿Entiendes?

Y, en esa condición, nadie te prestará atención y, por ende, no venderás. Ahora, piensa en cómo actúan los gigantes del mercado, en cualquier industria: espían a su competencia, la monitorean permanentemente, la conocen al derecho y al revés. Por eso, justamente, pueden competir de tú a tú; por eso, justamente, pueden vencerla, en términos de robarse sus clientes y vender más.

Quizás te preguntas ¿cómo espiar a la competencia? La verdad, no tienes que contratar los servicios del FBI o revivir la Gestapo, ni acudir al Super Agente 86. Hoy, por fortuna, absolutamente toda la información que requerimos de una empresa, negocio o persona está en internet. Y por más que esté encriptada o protegida, siempre hay formas de llegar tan profundo como quieras.

Tanto las redes sociales como cualquier otro canal que se utilice, incluido el correo electrónico, te darán una buena idea de cuál es el comportamiento de esa empresa, negocio o persona. Y, también, de sus valores, de sus principios, de su propósito y, algo muy importante, de sus estrategias. Podrás ver cómo es su servicio al cliente, cómo aplican las garantías, cómo responde a una crítica…


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En la medida en que conozcas más de tu competencia estarás en capacidad de superarla.


Veamos algunas estrategias sencillas:

1.- Su página web. Estúdiala con detenimiento, en detalle. Lee los textos una y otra vez hasta que descubras cuáles son los gatillos emocionales que utilizan, cuál es la promesa que realiza y, claro está, cuáles son sus eventuales vacíos o fallas que pueden brindarte una ventaja competitiva. Mira también el diseño, cómo describe sus productos o servicios y qué no se te había ocurrido a ti.
La clave: si tiene blog, no olvides revisar esos contenidos, que son una fuente valiosa

2.- Monitora sus redes sociales. Básico, pero no lo único que debes realizar. Mira cómo interactúa con sus clientes, la rapidez y oportunidad de las respuestas, las estrategias de promoción de sus productos y servicios. Intenta descubrir en qué aspecto fallan a través de estos canales y/o cuál necesidad del mercado no pueden suplir, que a la postre representan una oportunidad para ti.
La clave: recuerda que en estos canales ni todo lo que brilla es oro. No te deslumbres por baratijas

3.- Revisa la publicidad. Esta es una opción que muy pocos utilizan y que, la verdad, es una mina de oro de información. Te permitirá saber cómo se posiciona, cuál es su propuesta de valor y cuál es el mensaje que le transmite a su audiencia. No te quedes en el aviso: haz clic en el llamado a la acción que incorpore esa publicidad, ve hasta el final. Lo más valioso siempre está oculto.
La clave: ten en cuenta que muchas empresas se apalancan en la estrategia del test A/B

4.- ¡Cómprale! Sí, conviértete en un cliente para conocer de primera mano cuál es el paso a paso, cómo entrega el producto o servicio adquirido, los tiempos, la logística, el servicio posventa. Si no quieres que sepan que tú eres el cliente, utiliza una cuenta privada (poco conocida) o pídele a un miembro de tu equipo o amigo que sea el que ponga la cara. Así, evitarás algún malentendido.
La clave: esta es la estrategia más efectiva para conocer los secretos de tu competencia

5.- Revisa las reseñas. Las opiniones de los clientes son una mina de oro, seguro lo sabes. Tanto las positivas, como las negativas: no te vayas a los extremos (bueno o malo) y, más bien, trata de establecer el nivel de satisfacción de esos clientes. Si ocurrió un problema y hay una queja, intenta determinar qué ocurrió y cuál fue la solución (garantía) ofrecida, el tiempo y tipo de respuesta.
La clave: toma esos comentarios con pinzas, recuerda que los bulos abundan en internet

6.- Suscríbete a su newsletter. Hazlo a título propio o con una cuenta de correo poco conocida, si así lo prefieres. Analiza la frecuencia de envío, el contenido y los llamados a la acción que utilizan. Por supuesto, haz clic en los enlaces, ve más allá de lo que se observa a simple vista. Este es el canal más directo para conocer a tu competencia, así que procura aprovecharlo al máximo.
La clave: el correo electrónico suele mostrarnos la mejor y la peor cara de las empresas/personas

7.- Acude a los eventos del sector. Inscríbete en los webinars que promociona tu competencia, participa de las encuestas o retos y procura interactuar con sus clientes, para establecer el nivel de satisfacción. Sabrás cómo está posicionada, qué piensa el mercado de esa empresa y podrás establecer qué hace mejor que tú (o qué no haces tú). Allí, todo lo que necesitas está a tu alcance.
La clave: esta opción, además, te permitirá obtener valioso conocimiento de calidad

8.- Acude al cliente invisible. Esta es una vieja y muy efectiva estrategia si sabes utilizarla. De lo que se trata es de recorrer el proceso de compra, desde el primer contacto en frío hasta que esa persona se convierte en un cliente. Y, por favor, no olvides que después de este momento es justo cuando comienza la fase más importante de la vida de tu cliente: la de la fidelización.
La clave: no te enfoques exclusivamente en lo negativo; de lo positivo aprenderás mucho

9.- Pregúntale al genio del marketing. ¿Sabes quién es? El mercado, el mercado es el gurú. Son las personas que están allá afuera las que tienen la necesidad, las que sienten el dolor, las que tienen un sueño que, quizás, tú puedes satisfacer. Realiza encuestas, concursos o retos a través de los cuales puedas interactuar directamente con tus clientes actuales y, también, con los potenciales.
La clave: no cometas el error de creer que conoces las necesidades/motivaciones del mercado

10.- Abarca la competencia indirecta. ¿Sabes cuál es? Aquella que, o bien está lejos de tu radar o no se presenta como competencia directa, ofrece la misma solución que tú. Es probable que el producto o el servicio sea distinto, pero apunta a solucionar el mismo problema o necesidad que tú y, en consecuencia, puede arrebatarte algunos clientes. Será, al menos, una buena referencia.
La clave: la competencia indirecta te permitirá detectar otras necesidades del mercado

La competencia está ahí afuera, en el mundo real, y lo peor que puedes hacer es ignorarla. No solo porque pueda superarte (vender más, quedarse con tus clientes), sino porque es fuente de valioso aprendizaje para ti. Despójate de la carga emocional y espíala con tanta objetividad como sea posible: encontrarás información que no imaginabas y que te ayudará a… ¡superar a tu competencia!


Lecturas recomendadas:
Qué hacer para que la ‘competencia’ no sea un gran dolor de cabeza
Competencia: por qué debes estudiarla y cómo superarla
No temas a la competencia del mercado: ¡aprovéchala!


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8/12/23

Transferir conocimiento, ¡esa es la maravillosa revolución de internet!


¿Sabes cuál es una de las razones por las que me encanta trabajar en internet? Su capacidad para sorprendernos. Cada día hay algo nuevo o, cuando menos, una innovación que reviste de mejores características o proporciona más beneficios de algo que ya disfrutábamos. Y no solo me refiero a herramientas tecnológicas, sino a recursos que nos facilitan la vida. Ah, y a las oportunidades.

Hagamos un poco de memoria: a finales de 2022, a través de los medios de comunicación nos enteramos de que una empresa llamada OpenAI, de la que la mayoría jamás había escuchado, lanzó un herramienta: ChatGPT. A partir de  la temida y anhelada inteligencia artificial, pudimos comenzar a disfrutar de la generación automática de contenidos en diferentes formatos.

Una tecnología poderosa que ha revolucionado la generación de contenidos, que suele ser uno de los grandes dolores de cabeza de las marcas, empresas, negocios, emprendedores o profesionales independientes que venden productos o servicios dentro o fuera de internet. En la medida en que reciba las instrucciones adecuadas, que le brindes el contexto necesario, te ayuda, y mucho.

Uno de los mayores aprendizajes de ese proceso con ChatGPT es que la magia la pones tú. ¿Eso qué quieres decir? Que si tú la alimentas con basura, ella te responde con basura. La genialidad de la herramienta radica en que realiza en pocos minutos (o segundos) tareas que a los seres humanos nos demandan horas. Y quizás ya sabes que el tiempo no se puede recuperar.

Cuando se dio esta meteórica irrupción (otra más), los detractores, los enemigos de esta clase de innovaciones, nos dijeron que la ficción de las películas se trasladaba a la realidad. Es decir, que las máquinas iban (o van) a acabar con la especie humana. Hasta ahora, por fortuna, no sucedió con ChatGPT, que para mí se convirtió en el mejor asistente personal con el que he trabajado.

A lo largo de más de 25 años como emprendedor, he trabajado de la mano de la tecnología. Siempre he utilizado las herramientas que están a mi alcance en ese momento y la he probado casi todas. Algunas ya no existen y otras se transformaron en versiones más poderosas. Y, como el caso de ChatGPT, surgen nuevas opciones que, si las aprovechas, te beneficiarán de múltiples formas.

Recuerdo que por allá en 1997, cuando mi vida navegaba aguas turbulentas y el futuro era incierto en un país sacudido por la guerra entre el Estado y los narcotraficantes, apareció internet. Ni siquiera entendíamos de qué se trataba y, lo irónico, era que la mirábamos con desprecio. Sí, uno más de tantos inventos revolucionarios de corto vuelo, que desaparecen en el corto plazo.

Por supuesto, y por fortuna, estábamos equivocados, muy equivocados. Internet no solo se quedó, sino que nos transformó la vida de múltiples formas. Hoy, prácticamente nada de lo que hacemos en el día a día, en cualquier actividad, es ajeno a internet o alguno de sus recursos. Y lo mejor no fueron las herramientas, poderosas y versátiles, sino el universo de oportunidades que se abrió.

Recuerdo, también, que ya en los 2000, cuando comencé a realizar eventos presenciales en los que compartía mi conocimiento y formaba a aquellos atrevidos aventureros que quería convertirse en emprendedores, en algún momento aparecieron los agentes inmobiliarios o brokers, como se les conoce en los Estados Unidos. Una experiencia enriquecedora que trajo lecciones poderosas.

Los pocos empresarios inmobiliarios que acudían a los eventos llegaban con una pesada mochila de incredulidad mezclada con altas dosis de curiosidad. Les llamaba la atención descubrir qué era eso de internet que había revolucionado otros campos del mundo de los negocios y, sobre todo, si era posible que ellos también pudieran beneficiarse con esa tecnología. No imaginaban cómo.

“No, Álvaro, esto no es para el mundo inmobiliario: es imposible vender una propiedad por internet”, me repetían sin cesar. ¿Por qué decían esto? Porque los inmuebles son bienes físicos, tangibles; porque son productos de alto valor, porque aseguraban que nadie compraba una casa o una propiedad sin haberla visitado, sin haber estado allí. La verdad, eran creencias limitantes.

Hoy, seguro lo sabes, puedes comprar un penthouse, una casa, un lote (parcela) o un proyecto que no se ha desarrollado a través de internet. Mi buen amigo Rodrigo Chicharro, de Chile, es uno de los que comenzaron con grandes dudas y, a medida que aplicaron las estrategias de marketing que les enseñé y obtuvieron resultados positivos, transformaron su negocio. Él solo vende por internet.

Más adelante conocía Emil Montás, de República Domincana, un caso realmente simpático. Él me seguía desde hacía varios años y era habitual consumidor de mis productos gratuitos, de los que se había beneficiado. Sin embargo, con ocasión de un evento presencial en Tampa, decidió asistir. “Llevo muchos años recibiendo valor de tu parte, gratuito, y tenía que comprarte algo”, me dijo.

Aquel evento, de tres días, costaba 5.000 dólares. Hoy, Emil es referente número uno del mercado inmobiliario en su país, especialista en uno de los micronichos más lucrativos: el de la segunda vivienda (second home), la destinada al descanso. Además, aprovechó el aprendizaje digital y se convirtió en el mentor de otros agentes inmobiliarios, a los que les enseña a través de internet.


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Nada más revolucionario que ayudar a otros con tu conocimiento. ¡Puedes cambiar el mundo!


Como ves, los límites están en la imaginación de cada uno. Pero, ¿por qué te cuento estas historias? Porque hace unos días me sorprendí al ver en internet una noticia que llamó mi atención: “Amazon comenzará a vender autos en su plataforma a partir de 2024”, decía el titular. Imposible pasar por alto algo así que me revolvía las entrañas y desempolvaba los recuerdos.

Mis primeros pinitos como emprendedor digital se dieron de la mano de Amazon, que por aquel entonces se promocionaba como “la librería más grande del mundo”. Sí, a diferencia del gigante del comercio digital y la logística que es hoy, en ese momento solo vendía libros. Después su modelo de negocio se abrió de la mano de los dispositivos electrónicos y ahora venderá autos.

Que, como el inmobiliario, desde siempre fue un negocio físico. “Nadie compra un auto sin haberlo visto, sin haberse sentado en él”, pensarán algunos. Bueno, un pensamiento válido, pero Amazon piensa distinto y, por eso, desde 2024 venderá autos Hyundai en su plataforma. Y no, no es ciencia ficción. El experimento comenzará en EE. UU. y, según los resultados, ampliará sus horizontes.

El acuerdo entre Amazon y Hyundai fue revelado hace pocas semanas durante El Salón del Automóvil, en Los Ángeles. Uno de los puntos del convenio establece que Alexa, el popular asistente digital de Amazon, será incorporado en los automóviles. La idea es que la compra se haga a través de internet y luego el propietario se acerque a un concesionario y se lleve el vehículo.

¿Ciencia ficción? Hace unos años, sí. Si bien todavía se desconocen detalles y minucias del acuerdo, se prevé que sea a finales de 2024 cuando se dé este paso que marcará un antes y un después en el mundo de los negocios, en especial, en el comercio de automóviles. No me cabe duda de que, como sucedió hace casi 25 años con su librería digital, Amazon la va a volver a sacar del planeta.

Ahora, regresemos al concepto clave de este contenido: internet, más allá de una tecnología disruptiva y revolucionaria, es un universo ilimitado de oportunidades. Que están allí a la espera de quien quiera aprovecharlas y sepa cómo hacerlo. Oportunidades que, valga recalcarlos, no son exclusivas de marcas poderosas y reconocidas como Amazon o Hyundai, sino para cualquiera.

Literalmente. Por eso, y en especial en Latinoamérica, los emprendimientos digitales son hoy el combustible que mueve las maltrechas economía de nuestros países. Y en Estados Unidos aportan una cifra significativa, cada vez más alta, en la generación de empleo. Y, repito: una oportunidad que está al alcance de la mano de cualquiera, de quien quiera aprovecharla y sepa cómo hacerlo.

Cuando comencé, y por varios años, era el único latino del mercado de los negocios digitales. Con el paso del tiempo, nos transformamos en una comunidad y hoy somos un mercado gigante en crecimiento. Además, los últimos acontecimientos aceleraron la transformación digital, que venía a paso de tortuga, y millones de personas se adentraron en las insondables profundidades de internet.

La gran revolución de la tecnología, de internet, es un fenómeno que muchos todavía no entienden o, lo peor, no aceptan. ¿A qué me refiero? Amazon comenzó con libros, evolucionó a la tecnología, primero, y a productos para el hogar, ropa, zapatos y más, hasta llegar al punto de ofrecer autos. Y son incontables los proyectos inmobiliarios, en todo el mundo que se venden, a través de la red.

Sin embargo, lo más poderoso, lo más transformador, lo más revolucionario, es que con estas poderosas herramientas, con esta fantástica tecnología, es posible vender CONOCIMIENTO. Lo escribo en mayúscula para resaltarlo. El conocimiento, seguro lo sabes, es el motor de la evolución de la especie humana a lo largo de la historia: adquirirlo, transmitirlo y compartirlo le da sentido a la vida.

Somos cientos de miles los que aprendimos a empaquetar nuestro conocimiento, lo convertimos en un producto digital (curso, libro, audiolibro, video o cualquier otro) y lo vendemos a través de internet. Una especie de onda expansiva, esta maravillosa y transformadora, que no solo nos ha permitido rentabilizar el conocimiento atesorado, sino, lo mejor, poder ayudar a otros.

Una de las realidades dolorosas a las que me enfrento en el día a día es aquella de conocer a personas valiosas, con amplio conocimiento y experiencias enriquecedoras, que están sentadas en una mina de oro y no se han dado cuenta. ¿Cuál? Su conocimiento y experiencias, precisamente. O, peor, personas que se dejan tentar por el último objeto brillante y pecan en su intento.

Es decir, aquellos que se creen el bulo de que se van a convertir en multimillonarios a la vuelta de unos pocos clics, o de los que se comen el cuento de que con trabajar una o dos horas desde la playa o la piscina ganarán lo suficiente para darse el estilo de vida lujoso con el que sueñan. Si eres uno de ellos, permíteme prevenirte: ¡NO ES CIERTO!, es solo una trampa, un peligroso atajo.

Sí es posible crear un negocio rentable en internet, sí es posible vender productos (físicos o digitales) en internet, sí es posible convertirte en referente del mercado en el área de conocimiento en la que te desenvuelves. Sin embargo, eso solo es posible si aprendes a hacer marketing, buen marketing, y entiendes que “el mejor negocio del mundo, el más rentable, es servir”.


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28/11/23

Mentalidad de escasez: un enemigo silencioso que cultivas en tu mente


Somos lo que pensamos. No hay forma más clara y precisa de decirlo. La realidad, y te lo digo tanto como sicólogo como emprendedor con más de 25 años de trayectoria en un mercado cambiante, cosechas lo que piensas. Tu cerebro, tu mente, es el jardín de tu vida: allí puede florecer una eterna primavera o, por el contrario, un inhóspito desierto en el que las semillas se secan.

Muy pronto, y muy joven, aprendí que la clave del éxito es la mentalidad. Fue uno de los mensajes más poderosos que me transmitió la señora Julita, mi madre, una emprendedora nata que casi siempre luchó contra la corriente. En una sociedad en la que el rol exclusivo de la mujer era criar a los hijos, ella cumplió a cabalidad con esa tarea y sacó tiempo para darles rienda a sus talentos.

Hija de un empresario, llevaba el ADN de los negocios en la sangre. Fue emprendedora en una época en la que ese término todavía no se había acuñado o, en el mejor de los casos, a este oficio se lo veía mal. Fracasó y triunfó varias veces, con diferentes negocios, pero nunca se rindió. Aprendió lo que era necesario, porfió y, como era su hábito favorito, se salió con la suya.

Verla trabajar, negociar con sus clientes y proveedores, era algo divertido. Además, con su carácter fuerte, con sus convicciones sólidas, no era fácil de convencer. Si alguna vez escuchaste aquello de “Cuando a una mujer se le mete una idea a la cabeza es más fácil cortarle la cabeza que hacer que cambie de idea”, la señora Julita fue, seguramente, una de las mujeres que inspiró esta máxima.

La suya era una mentalidad ganadora, enfocada en hacer, en los resultados. Una mentalidad disruptiva para su época, de ahí que dejó huella en todos los emprendimientos que comenzó y, por supuesto, en todas las personas de su entorno. Y yo fui uno de los privilegiados que recibió sus enseñanzas, su inspiración. Pero, lo más importante, sin duda, aprendí de su mentalidad.

En términos sicológicos hay dos tipos de mentalidad: la fija y la de crecimiento. La prestigiosa sicóloga Carol Dweck, reconocida por su trabajo en el área del mindset psicológico, nos enseñó que una persona con mentalidad fija piensa que ha nacido con ciertas habilidades y un coeficiente intelectual. Asume que eso es todo lo que necesita y difícilmente intentará conseguir más.

Son de la clase de personas que no se arriesgan a salir de su zona de confort por una razón: el temor a equivocarse y la consecuente desaprobación de su entorno, de los demás. Además, se sienten atemorizadas por el éxito y los logros de otros, a quienes perciben como una amenaza porque los dejan en evidencia. Sus pensamientos y creencias, y sus decisiones, son rígidas.

Se desenvuelven estrictamente en los campos en los que obtiene resultados que las satisfacen, en los que pueden sobresalir sin dificultad. Son implacables consigo mismas, muy autocríticas y se autoflagelan con reproches surgidos de su obsesión por el perfeccionismo. Uno de sus mayores dolores es que la opinión que otros tienen de ellas sea negativa: eso provoca que se derrumben.

En la otra orilla, está la mentalidad de crecimiento. Propia de personas con un deseo continuo de aprendizaje. Son prolijas al cambio, se adaptan fácil y rápidamente y adoptan hábitos sin sufrir traumatismos. Su premisa es sencilla: “si hay algo que no sé, lo puedo aprender”. Y, entonces, se dan a la tarea de aprenderlo hasta que se lo dominan o se convierten en unos expertos.

Estas personas aman los desafíos y se imponen retos nuevos cada vez que cumplen una meta. Son abiertas para escuchar tanto las críticas como las sugerencias de otros y no se molestan si deben corregir. Una persona con mentalidad de crecimiento se caerá una y mil veces, pero una y mil veces se levantará y continuará su camino. Además, procurará aprender la lección de la situación.

Un factor que hay que tener en cuenta es que todos los seres humanos, absolutamente todos, incorporamos tanto la mentalidad fija como la mentalidad de crecimiento. Lo que cambia es la dosis de cada una, que varía de acuerdo con las experiencias vividas, con los aprendizajes adquiridos, con las creencias y los pensamientos cultivados. Ninguna de las dos es estática.

Las dos, además, están determinadas por la cultura, el sistema educativo y la sociedad. También, por la información que consumimos a través de los medios de comunicación y de internet, en especial, de las redes sociales. Y la que domine en cada momento de tu vida será la que hayas cultivado con mayor cuidado, con más esmero. Recuerda: cosechamos exactamente lo que un día sembramos.

El problema, ¿sabes cuál es el problema? Que la mayoría de las veces no somos consciente de lo que hacemos, de lo que pensamos, de lo que cultivamos. Lo hacemos, simplemente, porque es un hábito, porque no sabemos hacer algo distinto o, quizás, porque dado que no conocemos la otra cara de la moneda nos sentimos cómodos con eso. Es fruto del diálogo interno que sostenemos.


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La vida que tienes es producto de tus creencias, de tus pensamientos, de tu mentalidad.


Lo que le dices a tu cerebro, de manera consciente o inconsciente, es lo que determina tus actos, tus decisiones, tu mentalidad. Esos pensamientos no solo son imaginación: son realidad. Lo que quizás no sabes es que el cerebro, poderoso, genial y maravilloso como es, no distingue entre una y otra, es decir, no sabe qué es imaginación y qué es realidad. Esa es la trampa que no vemos.

Por eso, sin darnos cuenta, con nuestros pensamientos, creencias, acciones y decisiones le damos a la vida un curso determinado. En especial, cuando se trata de la mentalidad. La abundancia se da a partir del agradecimiento, mientras que la escasez surge de la queja frecuente, de no apreciar lo que la vida te brinda, de la insatisfacción por los resultados que obtienes en todos los ámbitos.

A lo largo de mi trayectoria he visto, y tristemente sigo viendo, infinidad de casos de personas con amplio conocimiento en un área específica, con experiencias y aprendizajes valiosos que, sin embargo, no obtienen lo que esperan. ¿La razón? Su vida está limitada por la mentalidad de escasez porque aprendieron a pensar desde la carencia, desde la queja, desde la ingratitud.

Veamos algunas de las manifestaciones de la mentalidad de escasez:

1.- Siempre tienes excusas. Te dejas invadir por los miedos y no te animas a dar el primer paso, pero siempre tienes una buena excusa para justificarte. Es un terrible círculo vicioso del que es muy difícil salir. Por supuesto, nunca es tu responsabilidad, todo lo malo viene de afuera

2.- Dejas pasar las oportunidades. Tienes la posibilidad de adquirir conocimiento, de desarrollar habilidades, de potenciar lo que posees, pero lo dejas para “después”. Y después no hay cuándo. Crees que “ya vendrá otra oportunidad”, pero cada vez que aparece la dejas pasar de nuevo

3.- No inviertes en ti. El más grave síntoma de la mentalidad de escasez. Crees que con lo gratis lo tienes todo, piensas que eres un aventajado porque no gastas tu dinero en formación, en cultivar tu conocimiento, en potenciar tus talentos, pero a la larga te estancas, no sabes cómo avanzar

4.- Crees que puedes solo. Otra manifestación dolorosa. Nadie, absolutamente nadie, escaló el Everest en solitario. Nadie llegó a la cima del éxito, en cualquier actividad o ámbito de la vida, sin la ayuda de otros, de quienes ya recorrieron el camino y están justo donde tú quieres estar

5.- Eres un optimista iluso. Sí, asumes que con pensamientos positivos es suficiente para alcanzar lo que deseas, crees que así la vida está obligada a darte lo que anhelas. Y no es así: el optimismo, el pensamiento positivo, debe estar acompañado de acciones ciertas para que dé resultado

La mentalidad de escasez es un freno que te impide avanzar. Tras ella están tus miedos (en especial, el miedo al éxito), tus creencias limitantes, tus excusas, tu falta de conocimiento, tu dependencia de la aprobación de los demás, tus fracasos y tu comodidad. Sí, porque, aunque se antoje duro decirlo, la mentalidad de escasez no es más que una plácida zona de confort.

Como cualquier ser humano, en algún momento de mi vida permití que la mentalidad de escasez hiciera de las suyas. Por fortuna, con la ayuda de mi familia y la guía de mis mentores, me liberé de esa cadenas y alcé vuelo, un vuelo abundante y próspero que hoy caracteriza mi vida. No puedo estar más agradecido con la vida por tanto que me ha dado, por tantas bendiciones recibidas.

Agradezco, en especial, los cientos de miles de dólares que he invertido en mí, en mi conocimiento, en mi formación, en mi desarrollo profesional y personal. Cada centavo ha valido la pena y, lo mejor, se ha multiplicado a partir de esa maravillosa dinámica de compartir con otros aquello que la vida me ha brindado. Y no solo eso: ha regresado a mí en forma de múltiples bendiciones.

“Tus creencias se convierten en tus pensamientos; tus pensamientos, en palabras; tus palabras, en tus actos; tus actos, en hábitos; tus hábitos, en valores y tus valores, en tu destino”, dijo Mahatma Gandhi. Palabras sabias, sin duda. Sin embargo, el verdadero poder, la sabiduría, no está en la palabras, sino en la capacidad de cada uno en transformarlas en acciones y decisiones ciertas.

La mentalidad de escasez es un enemigo silencioso, invisible, que convive con nosotros y estropea los planes, echa a perder los sueños y nos impide recibir de la vida todo aquello maravilloso que ella tiene para brindarnos. Tú eliges si duermes con él, si lo conviertes en tu socio o si, por el contrario, cambias tus pensamientos y creencias y obtienes resultados distintos a los de siempre.


Lecturas recomendadas:
Disciplina. 7 claves para cultivar el ingrediente indispensable del éxito
Confianza: no puedes venderle al mercado lo que no posees (no hay en ti)
Las 16 características de las personas exitosas, según Napoleon Hill


 

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14/11/23

Disciplina: 7 claves para cultivar el ingrediente indispensable del éxito


“Por cada esfuerzo disciplinado, siempre hay múltiples recompensas” o “La disciplina es el puente entre las metas y el logro”. No sé cuál de estas dos frases te guste más o encaje más contigo, pero a mí las dos me parecen geniales. Nos las regaló Jim Rohn, el famoso autor, emprendedor y conferencista estadounidense, un gurú de los temas de desarrollo personal.

Ahora, es posible que ninguna te satisfaga, así que probemos con la siguiente: “La disciplina es el mejor amigo del hombre, porque ella te lleva a realizar los anhelos más profundos de tu corazón”. ¿Quién la dijo? La Madre Teresa de Calcuta. El mensaje que quiero transmitirte es que sin disciplina pierdes el control de tu vida y te conviertes en un barco a la deriva.

Y, claro, supongo que ya sabes qué pasa con los barcos a la deriva: la mayoría, casi todos, son atrapados por la tormenta y se hunden. Lo que, tristemente, les sucede a muchas personas en la vida o, para ser más específicos, en los negocios. Carecen de disciplina y cuando comienzan a andar en esta apasionante y riesgosa aventura, pierden el control y terminan hundidos.

El problema, ¿sabes cuál es el problema? Que, como en los casos del éxito o de la felicidad, es prácticamente imposible coincidir en una definición. Es decir, cada uno tiene una idea distinta de lo que significa este concepto y, para colmo, el diccionario no nos ayuda a avanzar. Nos dice que es “Doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral” o “Arte, facultad o ciencia”.

Cuando me enfrento a esta dificultad, casi siempre recurro a la Psicología, que a veces nos brinda mejores resultados. Este es uno de ellos: “Disciplina es el conjunto de estrategias de autorregulación emocional y comportamental que, al ser aplicadas, nos permiten alcanzar metas ambiciosas al distribuir el tiempo en una cadena de acciones que permiten multiplicar los resultados”.

Mejor, ¿cierto? Fíjate que nos deja varios mensajes poderosos. Primero, es un conjunto de estrategias y, también, de herramientas con un propósito claro: la autorregulación emocional y comportamental. Por eso, justamente, todos pensamos distinto de la disciplina: porque cada uno la regula a su conveniencia, en función de sus metas y, también, de sus posibilidades.

Segundo, nos enseña que deben ser “aplicadas”, es decir, no se pueden quedar en letra muerta, hay que llevarlas a la vida real para que nos sirvan. Y, por último, lo que a mi juicio es más importante, aquello en lo que debemos centrarnos: “distribuir el tiempo en una cadena de acciones que permiten multiplicar los resultados”. Pasar a la acción, esa es la clave.

Ser disciplinado implica tener la vista puesta en el largo plazo y mantenerte enfocado en un proyecto en el que el trabajo y el aprendizaje se retroalimentan, te brindan resultados a corto plazo, pero también te generan un efecto acumulativo. Para aprovechar al máximo esta habilidad, es clave no perder la inercia, mantener la constancia, tener tranquilidad y paciencia.

De otro modo, si caes en la tentación de acelerar el proceso, saltas un paso o tomas un atajo, buena parte de esos progresos se perderán en pocos días. Este es el precio que se debe pagar para que ese sistema funcione como un relojito. La magia está en ese proceso acumulativo que nos permite acercarnos al objetivo de manera constante, optimizando el uso del tiempo.

Se trata de un motor que nos puede ayudar a lograr un mejor rendimiento diariamente y a dar lo mejor de nosotros mismos en cualquier tarea que desempeñamos. Además, realizarla con orden, diligencia, constancia y compromiso. Solo así es posible obtener los grandes resultados que ansías; de otra forma, deberás conformarte con resultados convencionales o mediocres.

Ahora, esa maravilla de herramienta, esa habilidad poderosa, ¿para qué sirve?

1.- Nos ayuda a mejorar el rendimiento. La productividad, o mejor dicho, la falta de ella, es uno de los más grandes obstáculos a los que nos enfrentamos empresas, negocios y, por supuesto, seres humanos. Convertir la disciplina en un hábito nos permitirá alcanzar las metas, por un lado, y superarnos constantemente, por otro. Beneficios constantes a largo plazo.

2.- Nos permite optimizar recursos. Sin disciplina, tendemos a distraernos, a desviarnos del rumbo, y esto se traduce en el desperdicio de los principales recursos que poseemos: uno de ellos, el tiempo, el único activo irrecuperable. Así mismo, reduce el estrés, el agotamiento (físico y mental), al mantenernos enfocados en el objetivo que perseguimos. Es una aliada.

3.- Aprendemos de los errores. Algo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre lograr las metas y no hacerlo, ¿lo sabías? Una adecuada planificación y la visión a largo plazo nos permiten superar los errores y, lo mejor, aprender la lección que esas situaciones incorporan. Gracias a la disciplina, entendemos que el error es tan solo una parte del proceso.

4.- Facilita un estilo de vida saludable. Que, seguro lo sabes, cada vez es más importante en el mundo actual. Tener un estilo de vida disciplinado no solo significa ir al gimnasio o comer saludable, sino también, descansar lo adecuado, dedicar tiempo para ti, leer, hacerlo que te gusta y, en fin, disfrutar la vida. Así mismo, incluye invertir en ti, en tu conocimiento.

5.- Facilita la organización. Que, si me permites decirlo, es la clave del éxito o, de otra forma, la diferencia entre el éxito y el fracaso. La disciplina va de la mano con otras habilidades como saber tomar decisiones, saber delegar, saber priorizar y, en especial, saber decir no. Ser más organizado te brindará a largo plazo una ventaja competitiva que se traducirá en grandes beneficios.

En tanto es un hábito, es decir, un comportamiento adquirido, tener o no disciplina es una decisión. En principio, somos disciplinados por lo que nos enseñan en la niñez y, en especial, por el ejemplo que recibimos de nuestro entorno cercano (familiares, amigos, colegio). Ya en la adolescencia, y por el resto de la vida, sin embargo, se transforma en una elección propia.


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La disciplina es una habilidad que te ayuda a elegir lo que es más conveniente para ti.


A continuación, te ofrezco algunos consejos que me ayudaron a ser más disciplinado:

1.- Define qué área debes mejorar. Fijar un objetivo preciso, medible y alcanzable es el primer paso para mejorar. Recuerda: “el que mucho abarca, poco aprieta”. Enfócate en lo prioritario, haz lo que sea necesario y, un vez logres el resultado anhelado, puedas seguir con otro. Algo sencillo quete ayuda es escribirlo en un papel, con detalles, para que no te desvíes

2.- Autoconocimiento, la clave. Necesitas saber, con exactitud, cuáles son tus fortalezas y tus debilidades. Así mismo, podrás conocer cuáles son esas áreas prioritarias que requieren tu atención y, en consecuencia, buscar y hallar la solución adecuada. Despójate del miedo de sentirte vulnerable, porque nadie, absolutamente nadie, es perfecto. ¡No eres perfecto!

3.- Enfócate y evita distracciones. Que abundan por doquier en el mundo modernos al punto que llegan a agobiarnos. Disciplina y distracciones son como el agua y el aceite: no combinan. Bloquea, al menos temporalmente, aquellas que te impidan ejecutar la tarea prevista o que te roban la atención. Recuerda: en la vida, hay un momento indicado para cada actividad

4.- Crea un plan de acción. Lo mencioné antes y lo repito: si la disciplina se queda en el papel, en lo teórico, de nada te servirá. Debes tomar acción para que algo suceda. Ten cuidado en que ese plan sea realizable, medible y susceptible de mejorar o reformular. Divide tus acciones en pasos cortos, metas día a día, que puedas cumplir y te sirvan de motivación para seguir.

5.- Sistematiza. Ten en cuenta que nada, absolutamente nada buen en la vida, se da de la noche a la mañana: se requiere un proceso, un tiempo y, algo muy importante: prueba y error. Me gustaría decirte que hay otra fórmula, pero no es así. Prueba, valida, corrige y repite tantas veces como sea necesario. Cuando estés seguro de que funciona, sistematiza y repite.

6.- Sé paciente y tolerante. La habilidad de la disciplina no produce magia, así que no esperes resultados inmediatos o, de otra forma, un proceso expedito. Cometerás errores, caerás en las tentaciones, tropezarás y luego te sacudirás la tierra y seguirás adelante. De eso se trata la vida: no te atormentes. La disciplina, ¿lo sabías?, se potencia con paciencia y tolerancia.

7.- No te olvides de vivir. Aun cuando ames lo que haces, te encante tu trabajo y lo disfrutes mucho, no pases por alto que la vida no termina en el ámbito laboral. Lleva esa disciplina a otras facetas de tu vida como el deporte, el arte, la lectura, la cocina o cualquier pasatiempo que te brinde paz interior y tranquilidad. Es una recarga que, créeme, vas a necesitar.

Un último consejo: ¡recompénsate! No solo por los grandes logros que obtengas, sino por las metas intermedias y, también, por los pequeños avances. Todos son importantes y valiosos dentro de tu proceso, y no es bueno que los dejes pasar inadvertidos. Prémiate de la forma que te permita entender que vas por buen camino y, además, te sirva fortalecer la confianza y seguir adelante.


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11/11/23

¿Quieres comenzar un negocio? Esta es la única pregunta que debes responder


Son tantas las veces que he escuchado esta pregunta, que hace muchos años perdí la cuenta: “Álvaro, ¿qué producto puedo lanzar o qué negocio puedo montar para ganar dinero?”. Es muy probable que tú mismo te la hayas formulado en algún momento. Es un interrogante que inquieta a muchos, les quita la tranquilidad y les perturba el sueño, aunque es la pregunta equivocada.

¿Lo sabías? Entiendo que es un error inducido por el mercado, una pequeña victoria de los vendehúmo, que consiguen llamar la atención de los ingenuos o, en especial, de las personas que no saben de marketing o no conocen cómo funciona internet. Es, así mismo, una de tantas versiones del atajo que muchos eligen en su afán por ganar dinero o, quizás, hacerse famosos.

Lo peor, lo perverso, es que pregonan que “es fácil”, que “es rápido” o, ¡qué barbaridad!, que no se requiere ningún conocimiento. Y no, no es fácil, no es rápido y sí requiere conocimiento. De hecho, y seguro lo has vivido de alguna manera, cualquiera actividad que quieras realizar, por muy sencilla que se antoje, requiere conocimiento. Y las valiosas, además, no son rápidas o fáciles

Veamos un ejemplo: quieres aprender a montar en bicicleta. Es fácil, ¿cierto? Claro, primero debes elegir una bicicleta a tu medida, en la que te sientas cómodo. Luego, que alguien que ya sabe montar te explique la dinámica de la coordinación del pedaleo y, algo importante, cómo activar los frenos (el de atrás primero, ¡siempre!). Y luego requieres algo de ayuda para avanzar equilibrado.

Es probable que en esos primeros intentos te caigas o, al menos, te enredes. Y pedalearás con miedo, con precaución, mientras tomas confianza. Una vez superas esta etapa, le imprimes velocidad, disfrutas el viento en contra y te dispones a vivir las aventuras al ritmo del pedal. Como ves, requirió conocimiento y práctica para desarrollar la habilidad y hacerlo fácil y rápido.

¿Otro ejemplo? Te inscribes a un curso de inglés porque entiendes que una segunda lengua te dará una ventaja competitiva en tu trabajo. Eliges el que consideras adecuado y comienzas el proceso. En las primeras clases procuras llamar la atención, intervienes poco y te intimidas cuando el profesor te pregunta o, peor, cuando te pide que pronuncies algo. ¡Se te traba la lengua!

Es una incómoda sensación que, quizás, puede durar una o dos semanas. Depende de qué tan disciplinado seas con los ejercicios posteriores a la lección y de cuánto practiques. Te parece que es difícil y no experimentas un avance, un aprendizaje rápido, como anhelabas. Después de un par de meses, sin embargo, ya sostienes una conversación sencilla y enriqueciste tu vocabulario.

De nuevo, fue indispensable adquirir el conocimiento, que en este caso va de la mano de la ayuda del tutor o las enseñanzas del profesor. En el proceso hubo momentos difíciles y tuviste que echar mano de la siempre escasa paciencia para no tirar la toalla. Al final, después de un año o dos, ya puedes hablar inglés con fluidez, lees en ese idioma y hasta te animas a escribir algunos textos.

Podría ofrecerte más ejemplos, pero estoy seguro de que entiendes el mensaje. Para cualquier actividad que quieras realizar en la vida requieres un conocimiento, que va acompañado de la tarea de desarrollar habilidades específicas. El proceso implica mucha práctica, que ya sabes es prueba y error, caer y levantarte, además de paciencia, disposición, disciplina y persistencia. ¿De acuerdo?

¿Ya ves por dónde va el agua al molino? Es decir, ¿entiendes por qué te decía antes que la pregunta con la que comencé este contenido NO es la correcta? Lo que debes (necesitas) preguntarte no es qué producto puedes lanzar al mercado o qué negocio puedes comenzar, sino ¿de qué manera puedes ayudar al mercado HOY con ese conocimiento y con las experiencias que ya posees?

Es distinto, ¿cierto? La realidad es que puedes (o debes) elegir. A lo mejor el mercado, a través de alguno de los vendehúmo, te dice que el negocio de moda, el nuevo objeto brillante, la última tendencia o el negocio que te hará millonario es abrir un restaurante de comida asiática. Tú no sabes cocinar, no te gusta la comida asiática y, por supuesto, jamás administraste un negocio de comida.

Sin embargo, te ilusionas con la idea de ser millonario de una manera rápida y fácil. Eso es lo que te dicen los falsos gurús, que te venden un curso de cuatro sesiones al cabo de las cuales “serás un experto”. Al final, quizás lo sabes, ese atajo solo te lleva al precipicio del fracaso: el experimento te salió costoso, perdiste tiempo, dinero, recursos y, lo peor, con la frustración de no saber qué pasó.


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No importa a qué te dedicas: si puedes ayudar a otros, ¡estás sentado en una mina de oro!


Bueno, déjame decirte ¿qué paso? Que carecías del conocimiento, que no constaste con el apoyo y el acompañamiento adecuados y que eso que parecía tan fácil y rápido no lo fue. Y, la verdad, no tenía por qué serlo. La vida me enseñó, de múltiples formas y en diversas ocasiones, que nada de lo valioso que deseo o de lo que ella me puede brindar es fácil, o sencillo o barato. ¡Nada!

Ahora, por favor, no te vayas para el otro extremo: que no sea fácil, sencillo o barato no significa que sea difícil, complicado o costoso. A veces, sí, a veces. Dependerá de cuán complejo sea el tema, de qué tanto conoces (al menos, lo básico) y, por supuesto, de tu disposición para aprender y, sobre todo, para poner en práctica ese aprendizaje. Y, claro, para para aprender continuamente.

Desde hace más de 25 años, cuando la vida me dio la oportunidad y me bendijo para cambiar el rumbo y construir un camino hecho a mi medida, conectado con mis dones y talentos, mi pasión y mis sueños, comencé una cruzada. Aquella de transmitirles a otros el mensaje que, si lo reciben y lo llevan a cabo, les permitirá seguir ese camino, construir su vida propia y cumplir sus sueños.

A eso es a lo que me dedico: a transmitir mi conocimiento, mis experiencias y el aprendizaje de mis cuantiosos y a veces groseros errores. Y aprendo cada día, procuro desarrollar otras habilidades y, algo que me distingue, pruebo y corrijo. Además, honro mi compromiso de guiar a las personas que me brindan el privilegio de entrar en su vida, en su negocio, a cumplir sus sueños.

Volvamos al comienzo, entonces. La pregunta adecuada, que debes responder sí o sí antes de dar el siguiente paso, es ¿con el conocimiento que poseo hoy a quién puedo ayudar? Dicho de otra forma, ¿puedes ayudar a otros con eso que sabes, con lo que la vida te ha dado el privilegio de conocer, de experimentar, de vivir? Una vez conozcas la respuesta, podrás comenzar a avanzar.

Por supuesto, vale le pena recalcar que no importa a qué te dedicas o cuál es tu profesión u oficio. Si ese conocimiento es valioso, si sabes de esa actividad más que el promedio de la gente, si tienes experiencia (tiempo y resultados comprobables) y te apasiona la idea de compartir todo esto con otros, vas por buen camino. Sin embargo, déjame decirte que este es tan solo el comienzo.

Hoy, en las actuales circunstancias, después de duras vivencias y gracias a los beneficios que nos brinda la tecnología, el mercado busca soluciones efectivas. No promesas que no se van a cumplir o propuestas que encierran una trampa. Y, sobre todo, el mercado busca personas genuinas, honestas y transparentes que, a partir de si conocimiento, ofrezcan esas soluciones efectivas.

No importa si eres cocinero, coach, abogado, médico, economista, contador, escritor o un entrenador personal. Si eso que sabes, si ese conocimiento que atesoras, es útil para otros y les ayuda bien sea a satisfacer una necesidad o a cumplir un deseos, tienes un negocio en potencia. O, como quizás me has escuchado decirlo, ¡estás sentado en una mina de oro y debes explotarla!

Entiende que ese conocimiento, esas valiosas vivencias y el aprendizaje de tus errores son un préstamo que te hace la vida. ¿Lo sabías? Es decir, tú no eres el destinatario final, tú no eres la razón de ser de ese conocimiento, de esas vivencias y de ese aprendizaje: tú eres un canal, un intermediario, el mensajero al que la vida le dio el privilegio de transmitir todo esto a otros.

Un préstamo que, no sobra decirlo, se multiplica, se nutre y regresa a ti en forma de múltiples bendiciones en la medida en que lo compartes, en que lo transmites. Ese, créeme, es el mejor negocio del mundo, el más rentable. ¿Y el dinero? Vendrá por añadidura. Será la consecuencia lógica de tus acciones, de tus decisiones y del impacto positivo que generes en la vida de otros.

¿Ahora entiendes por qué la pregunta que me han formulado cientos de veces no es la correcta? La clave radica en que entiendas que el mejor negocio del mundo es servir. Y servir es utilizar tu conocimiento, tus experiencias y aprendizajes, conectarlos a tus dones y talentos, para ayudar a otros a solucionar sus problemas y a cumplir sus sueños. La recompensa, créeme, es invaluable.

Si eres uno más de tantos que, porque tu etapa en el mundo laboral convencional terminó, porque la vida te señaló nuevos camino a raíz de los últimos acontecimientos o, simplemente, porque le quieres dar alas al sueño de crear tu negocio, te felicito. ¡Bienvenido a la familia! Ya sabes cuál es la pregunta correcta, la primera que debes formularte antes de dar otro paso. ¡No te equivoques!

Ah, por supuesto, si crees que puedo ayudarte, por favor, no dudes en contactarme. Será un privilegio guiarte por este apasionante camino y compartir contigo mi conocimiento.


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